La generación del cambio (III).

clip_image002


En esta ocasión considero prudente continuar con la serie de artículos titulados “La Generación del Cambio”, pues resulta atinado en la apertura de un nuevo año hacer un breve, simple y humilde análisis introspectivo a algunos aspectos de nuestra generación. Aquella generación fluorescente, que poco a poco se va desencausando, desperdiciando sus energías en cuestiones banales y otras un tanto anormales. Como siempre, ante toda regla hay excepciones, y es de rigor aislar a un sector importante de esta juventud revolucionaria que merece toda clase de distinción.

 

El poder.

Esto no es cuestión de desestimar, ni de mucho menos avergonzar, no son más que simples percepciones sensitivas. Camaradas ¿vale la pena obtener el poder por tan solo ostentarlo? nuestra generación ha denotado grandes ansias de poder, que excepcionalmente tiene como fin último realizar los cambios que realmente requerimos. Lo que sí es una finalidad es el ánimo protagónico, donde muchos de los que venden la idea de cambio solo quieren cambiar su status de desconocido parcial a conocido total. En este ámbito, la moral está subordinada al poder. Aunque debemos estar claros de que esto nos lo han inculcado las generaciones precedentes, nos han hecho ver que para todo lo que tiene y no tiene precio está el poder, pero no debe ser lineamiento nuestro. Mejor podemos delimitar que la generalidad persigue un bienestar individual, que un bienestar común. Entendamos que el poder no hace al hombre, sino el hombre al poder.

 

Las mentiras.

Somos una generación muy vulnerable a las falacias, los sofismas y a las mentiras goebbelianas, con esplendor un chisme mueve más mares que un problema social. Por ello nuestros gobernantes, mediante discursos artificiosos, huecos y vacíos continuarán colmando nuestros sentidos, cuando ya es tiempo de reaccionar ante tales ofensas a la inteligencia del pueblo. Todavía no se constata que la dignidad y la moral son derechos inherentes a la persona; se juega constantemente en todas esferas a destruir honras y reputaciones, desconociendo que no ofende quien quiere, sino quien puede. Juventud; presumamos la buena fe hasta prueba en contrario, constatemos directa y personalmente las acusaciones que ante nosotros realizan contra terceros. Detrás de cada calumnia hay un interés malicioso.

 

La política.

La política debe dejar de ser un simple medio de acceso al poder, pues es más que eso. No podemos seguir pensando que en ella encontraremos nuestro éxito personal. El fanatismo político encabeza nuestra generación, pocos condenan las malas acciones y ejecutorias, pero muchos las justifican, conceptualizando la más mínima inmoralidad. Esto indica que el sistema actual imperará por muchos años más, inclusive con nuestra generación en el poder, al menos que la excepción se haga regla y viceversa, o que sea por medio de la fuerza. Para hacer el cambio necesitamos mentes políticas cultas, no politiqueras amañadas por el sistema imperante. La desmoralización nos carcome, y esto debemos desvirtuarlo.

 

El dinero.

El dinero debe dejar de ser el elemento esencial, motorizador de nuestras acciones. Más que motivación o incentivo, debe ser un recurso necesario para lo necesario, no un recurso para lo necesario, lo innecesario y lo vano. Cuando lo necesario está satisfecho, queda el compromiso social, con el compatriota, con el hermano, con el hombre del bien, con la sociedad; donde si eres ingeniero y hay mil familias sin hogares –satisfecha tu necesidad- trabajas para esas mil casas que la nación necesita más allá que obtener grandes beneficios pecuniarios por ellas, sino por el bien de la colectividad que tarde o temprano lo retribuye.

 

El cambio.

Aspiremos a efectivamente a ser la generación del cambio, dejemos de desencausarnos, no nos engañemos a nosotros mismos, la Juventud dominicana con los principios y valores tangibles que adornan todo ser del bienestar, arraigados en nuestros corazones, que sean inmutables e innegociables. Tenemos el compromiso por destino, de ser entes factores de cambio, y por nuestra calidad de estudiantes universitarios, comprendemos mejor los fenómenos sociales, por lo que es aún más profundo el compromiso; que fue lo que en otras palabras dijera el presidente Allende.

 

La era está pariendo un corazón,
no puede más, se muere de dolor
y hay que acudir corriendo
pues se cae el porvenir…

[del gran trovador cubano]

 

Ernesto Guzmán Alberto.

BARACKO BATMAN.

 

En la globalización existen seres vacilantes, caracterizados por el desconcierto transitorio, a veces transformado en eterno. Según lo percibido a través de los sentidos de estos organismos vivientes; muchos lo señalarían como el nuevo protagonista de “The Dark Knight”; lo confunden también con la competencia de Omaha Gourmet, mientras que otros elementos dotados de fe y razón lo imaginan como la estrella del pop  sustituto de Michael Jackson. El común denominador es el desconocimiento de este atípico personaje del siglo XXI, tío BOB (Barack Obama), caso que aparentemente no ha incitado la masiva investigación y discusión de este fenómeno.

 

BarackO no es africano, ni musulmán, ni tampoco un activo del Ku Klux Klan, como extremistas han querido mercadear, lo que si es, un joven líder político negro, que por su ascendencia africana por un lado, y puramente norteamericana por el otro, lo hacen ser más que un simple candidato presidencial. Por el simple hecho de ser quien los sondeos indican como el candidato con más probabilidades de ocupar la presidencia de la casa blanca, resulta evidente que no es un hombre cualquiera; es un profesional del derecho, egresado de las universidades de Harvard y Columbia.

 

Es atípico en la edad de los 40’s haber sido dos veces congresista, e iluminarse con gran esperanza como presidente de la “primera potencia mundial”; además de considerar sus inherentes componentes étnicos y culturales. Con su extraordinaria capacidad discursiva y de argumentación, prefirió producir cambios sociales en vez de grandes cantidades de billetes verdes. Sin embargo, en Estados Unidos y el mundo no nos queda de otra, o procuramos el cambio, o nos quedamos callados; pero de todos modos estudiemos a Baracko, analicemos el caso e incitemos al cambio.

 

Ernesto Guzmán Alberto.

La generación del “Cambio” (II)

Basado en el proceso electoral del Comité de Estudiantes de Derecho (CED), Recinto Santo Tomás de Aquino de la PUCMM.

Durante este proceso electoral a lo interno de la PUCMM, he asimilado muchas particularidades de nuestra generación, en especial una generación estudiantil universitaria que representa parte de la burguesía local, radicada en una institución de dicha escala social; cosas estas que causan gran repugnancia y escepticismo ante las proyecciones futuristas de nuestra acción directa y proporcional en la sociedad dominicana, de nuestra actuación concreta en lo que denomino la VIDA REAL.

He aprendido que nuestra Juventud, es la juventud del relajo, de los chistes y de los chismes, donde hay muchos de los seguidores y precursores del lighticismo dominicano; que si bien hay personas valiosas, son muuuy valiosas, pues que no considero que haya termino medio, pero quedan soslayadas ante la generalidad abrumadora de sujetos disidentes de la generación del cambio.

He evidenciado lo que una vez precisó Marco Tulio Cicerón, cuando expresó que “La amistad comienza donde termina o cuando concluye el interés”; habiendo sido presa de esta aseveración, amistades de antaño y vigentes laten nutridamente denotando disociación alterada de moralidad, espiritualidad, sobriedad,  (…),  así como también ansias y hambre de poder, cualidades que los pueden llevar a la ceguera de la razón, y a su distorsión.

También aprendí que nuestra masa estudiantil es realmente dócil y muy vegetal, apacible con elementos intangibles, superficiales e inmorales, también pude apreciar que la politiquería tradicional dominicana permanecerá vigente por varias décadas más; que siempre habrán personas que se te acercan con un único interés, y que quieren armar una profunda relación de amistad de un día para otro, que normalmente se consolida en meses o años.

Igualmente aprendí que en materia democrática, especialmente en lo concerniente a elecciones, lo que vale no son las ideas ni los ideales, mucho menos las propuestas, objetivos, sinceridad ni la seriedad; sino el estratégico manejo de la masa popular, el coro y lo que genere beneficio, lo que constituya la práctica del Hedonismo. 

Lo que si está comprobado y corroborado es que el deseo de trabajo y las buenas intenciones de mucha de la gente muuuy valiosa a la que me refiero, quedan truncadas y rezagadas por esta errada visión de las cosas, lo que significa que no se ejecutan dichas buenas intenciones, sino aquellas que sustituyen a estas últimas mediante acción y discurso demagogo y populista.

Mucho aprendí sobre la compartición de las ideas, que aunque no con objetivos explícitos ni ideales explícitos comunes, puede llenar el hueco de quienes por egoismo, naturaleza o incapacidad adquirida tienen que asumir las de otros, sin importar los principios que sean. La ambición y las ansias de poder son de los principales detractores del idealismo y de la Revolución.

Vi mucho la puesta en práctica de estrategias Maquiavélicas, y Leyes de las 48 del Poder, conjuntamente con prácticas posiblemente autóctonas que iniciaron nuestros más destacados líderes políticos del siglo XX; prácticas absurdas que han sido condenadas, pero como para muchos la moral no es vinculante y el fin justifica los medios, prefirieron reiniciarlas y ponerlas nuevamente en vigor desde la esfera universitaria, puliéndose, perfeccionándolas, disfrazándolas y legitimándolas para dentro de algunas décadas emplearlas en la vida real.

No es para lamentar, pero sí para considerar que la generación del “cambio”, ya o casi está determinada, sus ideales han y estan siendo fijados y definidos, por lo que retroceder este paso sería algo utópico, y casi imposible en el tiempo y el espacio. Entonces la única manera de asegurar nuestro futuro como sociedad ideal, es controlarnos, vigilarnos, perseguir el bien común y ejecutar las buenas intenciones, es fortalecer las instituciones sociales, cediendoles autonomía y gran influencia en la sociedad general, dotándola de valores, principios, profesionalidad y capacidad aportados por aquellos miembros de la generación del cambio con suficiente calidad ya obtenida y probada, conjuntamente con aquellos que no han podido llegar donde se realizan los cambios y las ejecutorias, para que así tengan la facultad de velar por el bien, predicar el antimonopolismo, antiesponjismo, antihumanismo, y toda aquella tendencia que socave e impida nuestro acertado desarrollo como nación.

Permítanme por último tal y como dice Silvio, manifestarles;
Compañeros de historia,
tomando en cuenta lo implacable
que debe ser la verdad, quisiera preguntar
me urge tanto,
¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?
Si alguien roba comida
y después da la vida, ¿qué hacer?
¿Hasta donde debemos practicar las verdades?
¿Hasta donde sabemos?

Extractos: discurso Salvador Allende.

La Revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo; la revolución pasa por las grandes masas; la revolución la hacen los pueblos; la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores.
(…) De allí, entonces, que es útil que la juventud, y sobre todo la juventud universitaria, que no puede pasar por la universidad al margen de los problemas de su pueblo, entienda que no puede hacerse del balbuceo doctrinario la enseñanza doctrinaria, de entender que el denso pensamiento de los teóricos de las corrientes sociológicas o económicas requieren un serio estudio; que si es cierto que no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria, no puede haber la aplicación voluntaria o la interpretación de la teoría adecuándola a lo que la juventud o el joven quiere. Que tiene que mirar lo que pasa dentro de su país y más allá de la frontera, y comprender que hay realidades que deben ser meditadas y analizadas.
(…) Por eso, sin decir que la juventud será la causa revolucionaria y el factor esencial de las revoluciones, yo pienso que la juventud por ser joven, por tener una concepción más diáfana, por no haberse incorporado a los vicios que traen los años de convivencia burguesa, porque la juventud debe entender que debe ser estudiante y trabajadora; porque el joven debe ir a la empresa, a la industria o a la tierra. Porque ustedes deben hacer trabajos voluntarios; porque es bueno que sepa el estudiante de medicina cuánto pesa un fardo que se echa a la espalda el campesino que tiene que llevarlo a veces, a largas distancias; porque es bueno que el que va a ser ingeniero se meta en el calor de la máquina, donde el obrero a veces, en una atmósfera inhóspita, pasa largos y largos años de su oscura existencia; porque la juventud debe estudiar y debe trabajar -porque el trabajo voluntario vincula, amarra, acerca, hace que se compenetre el que va a ser profesional con aquel que tuvo por herencia las manos callosas de los que, por generaciones, trabajaron la tierra.
(…) Se necesitan profesionales que no busquen engordar en los puestos públicos, en las capitales de nuestras patrias. Profesionales que vayan a la provincia, que se hundan en ella. (…) Jóvenes de Concepción: ¡a estudiar, a prepararse, a ser buenos técnicos, a estudiar doctrina revolucionaria, a tamizar en las ideas y los principios generales, para hacer con ellos una receta justa frente a nuestra propia realidad! ¡A hacer de ustedes una bullente y permanente asamblea de las ideas, al margen de la violencia! ¡Nunca rechazar al adversario, por el solo delito de pensar distinto! ¡A hacer de la juventud un pivote de la unidad! ¡Aquí hay sectores ampliamente revolucionarios que pueden discrepar, pero que nunca pueden olvidar que el enemigo no está ahí, ni está aquí, el enemigo ustedes saben dónde está, desde afuera y desde adentro del país! (Ovación).
Universidad de Guadalajara, México. 2 diciembre de 1972.

La generación del “Cambio” (I)

Nuestra generación parece aperturar el cambio social y político que nuestro Estado requiere. Al igual que en todas las generaciones, la etapa de la Juventud propicia ideas críticas y revolucionarias tendentes a variar el statu quo. Es un estímulo natural, aunque no todas materializan sus ideales.

Muchos nos consideran la generación perdida, otros la generación de las informalidades, otros como una generación prometedora de grandes cambios. Ninguna de estas expresiones es absoluta, no se podría tampoco juzgar a priori sobre el resultado del ejercicio de nuestras capacidades y convicciones.

Perteneciente a esta generación del “Cambio”, me aventuraría a predecir que nuestros hechos y acciones no sobrepasarán los de otrora generaciones como la de Milagros Ortíz Bosch y José Francisco Peña Gómez…; pero lo que atrevería afirmar, es que sí sentaremos precedentes en nuestro país, para bien o para mal.

Veo desde las entrañas y raíces de nuestro grupo generacional, que se mantienen firmes los preceptos corrompidos al margen de la moral y la ética, la política sucia, el principio del YOismo… y otros ideales que hacen conservar “La ley del tigueraje”, y que nos mantienen y nos mantendrán por mucho tiempo en el tercermundismo.

Tenemos compañeros valiosos, que rompen la regla, pues son excepcionales. Compañeros quienes enorgullecen y exaltan nuestra generación; tienen criterios claros y definidos de lo bueno y la malo, lo que la nación requiere, cómo deben hacerse las cosas, y obviamente, el deseo de actuar y trabajar por y para la patria, siempre forjando el porvenir y respetando la institucionalidad.

Otros compañeros predican la idolatría, el fanatismo, y hasta el esponjismo. Son narcisistas, metrosexuales, maquiavélicos y monopolistas. Son individuos de a mil, quienes aceleran hasta chocar contra la pared. Individuos los cuales precisan de atención por parte del público, que siempre deben ser llamativos, que lo que les interesa es destacarse en todo tipo de contextos, y usando cualquier medio disponible.

Lo lamentable es que han sido producto de doctrina de la mixta escuela, como la conjugación del gran capitán de multitudes “Chapita”, de su asesor Balaguer y del “sucesor” de éste último, Leonel Fernández. Compañeros de generación quienes pretenden reunir todas las cualidades de las precedentemente citadas eminencias políticas.

Así se explica como desde ya, su accionar radica en la personalización de sus acciones y todas aquellas con las cuales tengan relación alguna, precisan del culto a su persona, la pública obtención de los créditos, lograr el fin, justificando los medios.

“Los pueblos no deben vivir atados al pasado pero tienen el deber de consignar los valores creadores de conducta y moral que hicieron posible la pureza y el honor de una generación, sobre todo si se produce un vaciamiento y orfandad de ideas y principios”. Tony Raful.

El Estado se vuelve a imponer…

No creo que esté en discusión la notable desigualdad de condiciones en que se desarrolló la recién pasada campaña electoral, ni la real incapacidad de conceptualizar de ciertos candidatos, tampoco lo acertado de las encuestas, ni el gasto desmedido del partido oficialista en promoción y publicidad, así como también el uso irracional de todas las herramientas e instrumentos a disposición del Ejecutivo.

A muchos le aplicaron su propia medicina, a otros los ignoraron, y a vengano lo pisotearon. Ahora queda la realización de un agudo y profundo análisis que determine los grandes cambios a realizar a lo interno de nuestro sistema democrático, nuestros partidos, la doctrina política, y otras vertientes de la actividad política nacional.

Debemos reglamentar en materia electoral, para evitar los excesos de campaña, debemos permitir el relevo político en las dirigencias de nuestros partidos, debemos recapitular sobre la institucionalización de órganos estatales, igualmente debemos frenar la corrupción, iniciando un frente de crítica objetiva constante, que no sea realizada cada cuatro años con fines proselitistas, sino que el pueblo perciba que tiene su vocero.

Todas estas inconformidades conducen a justificar la abstención del 29% de la población hábil para ejercer el sufragio activo. Si lastimaron severamente a uno de los suyos como lo fué Danilo Medina, era de esperarse como ultrajarían a un enemigo político.

Lo que queda claro es la capacidad política del Dr. Leonel Antonio Fernández Reyna, cualidad que merece toda mi admiración y respeto. Todo el proceso electoral fué friamente calculado por el Ejecutivo, sabían muy bien, que sin Nominillas, sin subsidios excesivos, sin compra de dirigentes opositores, y sin alianzas hasta con el Diablo, no ganarían en primera vuelta, pero estratégicamente lo hicieron, y les salió bien, por eso considero que los méritos políticos le sobran a Leonel Fernández, pero no es que le salió muy bien ni excelente, ya que el trabajo realizado fué para obtener algún 60 y pico porciento, no ganar en primera vuelta rozando con el límite inferior.

Muy aburrido es levantarse sabiendo que no habrá algún cambio, que no habrá novedad, que los muebles del Palacio Nacional permanecerán estáticos durante cuatro años más, preparándome para continuar escuchando el discurso “Progresista” de nuestro Presidente Constitucional, aunque siendo puñaleado por la espalda y sangrando por la herida. No nos queda de otra que esperar cuatro años para contemplar la posibilidad de que se pueda proponer cambio alguno, si nuestro señor Presidente lo permite, no reformando el artículo 49 de nuestra Carta Sustantiva para provecho personal; de lo contrario también hay esperar la bomba que transpasaría al gobierno posterior.

Agonía del Río Nigua…

Su caudal se venga mientras vida tenga;
indolencia eterna caracteriza su huella,
mientras arena tenga, florecerá la meca,
y viviremos en ella, hasta lograr la meta.